| Cuando el dinero
y el crédito en la economía se expanden demasiado
rápido, las personas elevan su demanda de bienes a un ritmo
mayor al que las empresas podrían satisfacer esa demanda,
lo que puede generar alza en los precios y, por ende, inflación.
Por el contrario, cuando el dinero y el crédito en la economía
se contraen demasiado, la demanda de bienes puede caer, lo cual
conduce a la recesión y desempleo.
En virtud de estos dos riesgos un banco central adopta sus decisiones
de política monetaria, de modo de balancear estas dos situaciones
extremas y procurar una inflación baja y estable. El logro
de una inflación baja y estable es la expresión
del deseo de la sociedad de preservar el valor de la moneda.
En la actualidad, la gran mayoría los bancos centrales
del mundo están obligados por ley a atender el objetivo
de estabilidad de precios. Esta realidad, en el contexto latinoamericano,
permite observar que todos los bancos centrales sin excepción,
lo consideran como su objetivo principal.
Igualmente, los bancos centrales cumplen otras funciones como
son: moderar la volatilidad de corto plazo del producto interno
bruto y el tipo de cambio, administrar las reservas internacionales,
servir de prestamista de última instancia a los bancos
comerciales y velar por el buen funcionamiento del sistema financiero.
Una preocupación natural de quienes se encargan de conducir
los destinos de los bancos centrales es la de no tener que asumir
responsabilidad por demasiados objetivos. Un banco central que
trata de atender demasiados objetivos puede terminar no atendiendo
ninguno.
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